Recomendación #23

El paciente inglés

«Las tribus del desierto, los seres humanos más hermosos que he conocido en mi vida, formaban como ríos. Nosotros éramos alemanes, ingleses, húngaros, africanos, insignificantes todos para ellos. Poco a poco fuimos despegándonos de las naciones. Llegué a odiar las naciones. Los Estados-nación nos deforman. Madox murió por culpa de las naciones.» p. 169

El paciente inglés es una novela cuyo autor, Michael Ondaatjee, es originario de Sri Lanka, un país del que yo nunca había escuchado hablar. Aparentemente, es una pequeña pero hermosa isla ubicada en el continente asiático, específicamente, al sur de la India, y en la cual se hablan oficialmente dos idiomas (según una búsqueda rápida en google): el cingalés y el tamil. No obstante, en la pequeña semblanza del autor, en la contraportada del libro (de ediciones Debolsillo) dice que su formación intelectual la realizó en Londres; imagino que el vivenciar un contexto pluricultural desde sus orígenes y trasladarse a otro contexto pluricultural metropolitano para estudiar, fue una de las razones por las que decide abordar el tema de las naciones, los grupos étnico-raciales y las culturas. Es decir, los problemas en los que siendo radicalmente otros estamos expuestos los seres humanos en casi todas las formaciones societales. La historia ocurre entre distintas temporalidades y latitudes, y es narrada desde distintos puntos de vista, pero casi en su totalidad ocurre en el contexto de la segunda guerra mundial, y el «casi» lo pongo estratégicamente pues la historia a veces explora algunos momentos que ocurren antes de estallar la guerra, otros que ocurren tiempo después, pero la mayoría del tiempo es narrado en los últimos meses antes de finalizar oficialmente o que se declarara la derrota de Alemania y los países del eje. El título está dado por quien, de alguna manera, reúne a los demás personajes de la historia, el paciente, supuestamente inglés, del que no sabemos casi nada salvo que está totalmente quemado y vive en cama, prácticamente por puro milagro; a pesar de eso, el paciente tiene un encanto especial y sentido del humor que hace que los demás personajes lo aprecien y lo cuiden. Su identidad la vamos intuyendo conforme se van narrando los fragmentos diarísticos guardados en el tomo de La Historia de Heródoto que es la única posesión del paciente inglés. Es de alguna manera el protagonista, pues a través de él se reúnen Hana, la enfermera quien se atribuyó su cuidado, Caravaggio, un ladrón profesional viejo amigo del papá de Hana en su tierra natal, Canadá, y que por azares del destino terminó siendo espía de guerra en el bando de los “aliados”, y Kip el zapador, es decir, encargado de buscar y desactivar bombas enterradas o escondidas por los nazis, originario de la India y quien también se encontraba trabajando como parte del bando de los aliados, particularmente del ejército británico. Los escenarios narrados en los que ocurre la historia son: el desierto que se encuentra entre Egipto y Libia (norte de África), donde uno de nuestros personajes vivió una apasionada y trágica historia de amor; en Canadá, tierra donde tiempo atrás se conocieron Hana y Caravaggio; en la India, donde Kip nació y vivió al lado de su familia y Londres, donde se entrenó en el oficio de buscar y desactivar tecnologías explosivas; y San Girolamo, una villa ubicada en un pueblito en Italia que se convierte en refugio temporal de nuestros personajes. Estos, como ya dije, reunidos alrededor del cuidado que necesita el paciente, pero también por la necesidad y el deseo de estar con otros, de hacer lazo en un momento histórico donde las naciones y las etnias son todos posibles enemigos o aliados de guerra –por otro lado, no muy diferente al momento histórico que vivimos actualmente—. Vaya que esta novela nos muestra cómo podemos los seres humanos ser tan diferentes, tan iguales, con tanto deseo de comunidad y al mismo tiempo con el impulso frenético de destruirnos entre nosotros. El tema del sentido de pertenencia, lealtad u orgullo nacional sirven también de metáfora para pensar cómo nos relacionamos con las y los otros en tanto nosotros mismos somos en cierta manera una nación. Les recomiendo ampliamente leer esta novela que cuenta con un estilo narrativo muy particular, una historia que a mí me encantó y que, como ya dije, considero pertinente de analizar por la relación que encuentro con el mundo que vivimos actualmente, un mundo que nunca ha dejado de estar en guerra, pero compuesto de fragmentos vitales, esperanzadores que nos anclan al deseo de seguir luchando por estar aquí. Pero, también les recomiendo la película basada en esta novela, dirigida por Anthony Minghella y protagonizada por Ralph Fiennes, Juliette Binoche, Kristin Scott Thomas, Willem Dafoe y Naveen Andrews. Termino citando el siguiente fragmento que, para mí, contiene el núcleo principal de esta historia:

«Morimos con un rico bagaje de amantes y tribus, sabores que hemos gustado, cuerpos en los que nos hemos zambullido y que hemos recorrido a nado, como si fueran ríos de sabiduría, personajes a los que nos hemos trepado como si fuesen árboles, miedos en los que nos hemos ocultado, como en cuevas. Deseo que todo esté inscrito en mi cuerpo cuando muera. Creo en semejante cartografía: las inscripciones de la naturaleza y no las simples etiquetas que nos ponemos en un mapa, como los nombres de hombres y mujeres ricos en ciertos edificios. Somos historias comunales, libros comunales. No pertenecemos a nadie ni somos monógamos en nuestros gustos y experiencia. Lo único que yo deseaba era caminar por una tierra sin mapas.» Pp. 304-305